24 Feb

Controlando el Pop Corn de Ideas

-por Itzel Díaz-

Hace dos o tres años empecé a practicar Yoga, así que se podría decir que soy relativamente nueva en esto. En lo que si tengo mucha experiencia es en organizar y administrar proyectos. Desde pequeñas campañas hasta proyectos, compañías y emprendimientos. Me gusta hacer números: hacer todos esos análisis financieros, hojas de cálculo, pronósticos y proyecciones que aburren a algunos y aterran a otros. Soy una de esas personas que disfruta lograr que las cosas se hagan.

Hace varios años, después de mucho estudiar, decidí que era tiempo de empezar a hacer ejercicio para evitar y postergar lo más posible los achaques que vienen con la vejez. Intenté ir al gimnasio pero descubrí que los gimnasios no son para mí. Me sentía perdida entre tantas máquinas y continuamente me preguntaba: ¿Y Ahora… qué hago? Además salía de ahí sintiendo que me habían pasado una aplanadora por encima; no era exactamente la experiencia que estaba buscando.

Algunos años después, probé mi primera clase de yoga. Estaba totalmente fuera de condiciones, con mucho que aprender y a pesar de que me gustó la clase, no estaba lista. Sobra decir que no me fue bien. Entre postura y postura pensaba en miles de cosas: Si dejé algún email sin responder, en algún problema de la oficina o de qué color pintar mi cuarto. ¡En cualquier cosa!

Sin embargo, mi inquietud por hacer ejercicio seguía ahi. En el 2011 empecé a hacer Pilates y me enganché. Después de hacer Pilates por un buen rato, por mi entusiasmo y la cantidad de preguntas que le hacía, mi instructora me sugirió que tomara los cursos para ser instructora. Recuerdo que le pregunté ¿Pero si yo no quiero ser instructora tiempo completo, para qué tomaría los cursos? Me respondió: “para que aprendas y puedas profundizar tu práctica”. A mi me gusta estudiar y como realmente no necesitaba que me empujaran mucho su respuesta me terminó de convencer. Aprender más de la disciplina me ayudó a entender todos los beneficios de escuchar y cuidar mi cuerpo. Pilates me ayudó a bajar las revoluciones, a conocer mi cuerpo y a interesarme por comer de manera saludable. Bajar las revoluciones fue una gran ayuda pero me quedaba mucho por hacer. Faltaba transportar esa tranquilidad que encontraba en una hora de clase en el estudio al resto de las horas de mis días.

Así, cuando el universo puso en mi camino nuevamente el mundo del yoga, presentándome a las personas correctas, ya estaba preparada para el nuevo reto. Empecé a hacer yoga con una instructora privada que me fue explicando las posturas básicas y con el cuentito (autoreflexión e intención) al inicio de la clase y el Savasana al final encontré lo que me venía faltando. Era el componente espiritual del Yoga; esa era la pieza que faltaba!

Yo tengo una mente, que si la dejo, se desboca y entra en episodios de “pop corn de ideas” como los bautizó mi amiga Michelle. Cuando en medio de una de nuestras conversaciones, me pierdo en mi zona o no sé por donde empezar a contarle todo lo que estoy pensando, ella me dice que casi puede ver el pop corn. En estos episodios se me ocurre cuanta cosa: ideas, proyectos, viajes, miedos, fatalidades, críticas y todo a una taza de muchas ideas por segundo. La meditación es una de las mejores herramientas que he encontrado para calmar mi ansiedad y poner orden en mi cabeza. Poco a poco, y con mucho esfuerzo (me alegra contarles) lo estoy logrando. El yoga, más allá de la parte física, me ha ayudado a perder miedos, a confiar en mi y a trabajar con paciencia, aceptando que algunas cosas toman tiempo y requieren esfuerzo.

¿Cómo explicarles la meditación y porqué funciona? Para mí la meditación es algo así: Imagine un cuarto a media luz, lleno de chécheres tirados y mal puestos que hemos ido acumulando; todo polvoriento y lleno de lugares oscuros donde hemos acumulado cuanta cosa. Con polvo de varios años escondido aquí y allá. Hay que empezar por encender la luz o abrir una ventana para mirar todo lo que hay allí, simple misión de reconocimiento. Poco a poco se van ordenando las cosas, aceptando lo que se encuentra, botando lo que no sirve y limpiando la mugre que vamos encontrando. ¡Meditando me he encontrado con muchísima basura mental!

Para este proceso de “limpieza” he recibido mucha ayuda, no es algo que pueda hacer sola. La ayuda viene de quien uno menos la espera, de personas nuevas y de los amigos de toda la vida. He aprendido a pedir a ayuda y a recibirla, a perdonar y a perdonarme. A ayudar sólo al que me lo pide y a aceptar que, ocupando nuestro justo lugar en el universo, muchas de las variables que determinarán nuestro éxito están fuera de nuestro control. Ha sido una lucha encarnecida con mi ego. Lo malo de las luchas con el ego es que para ganarlas una tiene que perder. Una práctica crea el espacio para aprender, para escucharnos, para sanar y para estar en paz. Esto es un trabajo permanente porque de vez en cuando vuelve a desordenarse el cuarto. Solo que con la práctica todo es más fácil… ¿Te animas a empezar a ordenar?

 – La autora es consultora de negocios